Novedades
Cada actualización, la última primero.
Las notas con las que salió cada versión en el App Store, palabra por palabra.
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Antes y ahora.
Compara dos fotos.
Elige dos momentos del diario de una planta —el día que llegó, la tierra nueva, hace un año— y míralos lado a lado, o uno encima del otro con el deslizador. Guarda la comparación como una sola imagen, con su nombre y el tiempo que pasó entre las dos, lista para compartir.
Llévatelas.
Cualquier foto de la galería de una planta puede salir ya de la app: guárdala en Fotos o en Archivos, o compártela, desde la vista a pantalla completa.
Eliminado recientemente.
Lo que borras, una planta o una entrada del diario, ya no desaparece al momento. Se queda 30 días en Configuración › Gestionar tus datos › Eliminado recientemente, con sus fotos, por si cambias de idea.
Si iCloud dice que no.
Si alguna vez iCloud no deja guardar una planta, Configuración te dice cuál y desde cuándo, en vez de callárselo. Hasta que esté en iCloud, no borres la app.
Arreglos.
Contestar «Casi seca» ya no deja sonando el aviso de hoy. Y lo que escribo yo en el diario, como la bienvenida o una planta regalada, ya no se puede borrar sin querer.
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Plantempo estrena iOS 27.
¿No sabes cuál es?
Hazle una foto a la planta al darla de alta y te digo qué creo que es, con su ritmo de riego puesto. Si dudo, te ofrezco una segunda. Tú tienes la última palabra, y la foto se queda de retrato. Esto pasa aquí dentro: la foto no sale del celular.
Pídeselo a Siri.
«Oye Siri, riega la Costilla de Adán en Plantempo», y queda apuntado en el diario sin abrir la app. Pregúntale qué toca regar hoy, o busca una planta por su nombre, su especie o el lugar donde vive, desde Siri, Atajos o la pantalla de búsqueda.
En pocas palabras.
El diario de cada planta, contado seguido: un párrafo con lo que le ha pasado, escrito por tu propio celular con tus notas. Cuando pasen cosas nuevas, lo pones al día.
Las dos funcionan con Apple Intelligence, dentro de tu iPhone.
Los tutores de musgo, por fin en el jardín.
Marca la planta que lleva uno y te aviso de humedecerlo. Va dentro del aviso de riego, en la misma línea, nunca uno aparte: el jardín avisa una vez y ya. ¿No sabes si toca? Aprieta el musgo y dime cómo está, de seco a empapado.
La tierra, primero.
Antes de dar una planta por regada te pido que toques la tierra: es así como aprendo su ritmo de verdad.
El ritmo, en varias a la vez.
Si quieres cambiar el ritmo de riego, ya no hay que entrar planta por planta.
Y varios arreglos.
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Tu jardín, ahora también en el iPad.
La app compone para la pantalla que tiene delante.
El jardín también se busca: buscador y filtros para dar con una planta sin recorrerlo entero.
Y varios arreglos.
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Toda la vida de una planta.
Los esquejes ya tienen su lugar en la repisa: cada uno en su recipiente, con su agua o su musgo, hasta que echan raíces y pasan a maceta. Y cuando una planta se va del jardín —la regalas, o vuelve a la tierra—, su diario y sus fotos se quedan. Agregar una planta son cuatro preguntas y una lámina que colgar, y cada especie cuenta cómo se cuida y cómo se hace más de ella.
Y por debajo, un repaso largo: menos esperas al agregar plantas, y varias cuentas que ya salen.
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Un jardín con ventana.
Tus plantas ahora viven en una repisa soleada, acomodadas por el día en que llegó cada una: un cuarto pequeño que cambia con el cielo. Editar una planta y sus fotos es más ágil y más estable. Plantempo también habla chino tradicional. Y en todo lo demás: más rápido, más tranquilo, más pulido.
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Más plantas por conocer.
El catálogo creció. La próxima vez que agregues una planta, vas a encontrar más nombres esperándote.
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La primera versión.